lunes, 7 de marzo de 2016

Y no los han visto...



Y no los han visto...




La misión secreta, aquella que nunca declaran,

Era probar que allá arriba, en algún rincón del Universo,

Se encontraba el Cielo de los Cielos, el lugar secreto del Altísimo.

Querían probar que “Dios sí existe”, o lo que es peor, “que no existe”

Y que entonces, su incredulidad tenía razón.



Las misiones espaciales han sucedido una tras otra

Escudriñando meticulosas, cada rincón de la Galaxia

Buscando no solamente así sea una gota de agua,

O a lo mejor, vida inteligente

Quieren encontrar plataformas, con naves espaciales y extraterrestres



Aunque sus naves y sus poderosos artefactos han ido mucho más allá

No han encontrado seres vivos, inteligentes, ni nave extraterrestre alguna

Claro, han buscado el Universo físico y no el espiritual

Creen simplemente que Dios y los ángeles, viven por ahí en algún planeta.



No haberlos encontrado, ¿significa entonces, “que no existen”?

Habría que preguntar a Juan, el astronauta que subió al Cielo.

Sin naves, ni trajes espaciales, ni escafandra.



Tenía grilletes, sujetando sus muñecas, cuando el ángel le habló:

“sube acá y te mostraré lo que va a pasar”

Había una puerta abierta, ¡en el Cielo!

Subí y caminé como si fuera en un mar de cristal.

Era inmenso, había tronos, veinticuatro,

y los ancianos que se sentaban en ellos, tenían coronas de oro, eran reyes

Escuché voces, cuatro criaturas vivientes suspendidas, volando alrededor del trono,

Y circundando al propio trono de Dios, refulgía el arco iris, como esmeralda.

Y el Cordero, recibió un rollo de la mano derecha del que estaba sentado en el Trono.

(y el rollo contenía malas noticias para la humanidad; está en la Revelación)



Quedé maravillado, había estado en el cielo de los cielos,

Había visto a Jesucristo, el Cordero, y a su Padre, Jehová Dios,

O al menos vi, a Uno que estaba sentado en el trono de Dios,

Porque a Dios ningún hombre lo ha visto jamás.



Entretanto, las naves siguen surcando el Universo

Mientras las poderosas antenas apuntan al cielo, buscando una señal.

Y los científicos que no creen en Dios, siguen adorando su maravillosa creación.



SALVATORE100

Jueves 25 de Febrero de 2016

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