Vampiros en nuestras
casas, quién lo creyera!
Desde niño escuché
hablar de los vampiros
Y siempre imaginé a
seres voladores, que atacaban en las noches
Que eran grandes, que
lo mataban a uno, que chupaban la sangre de las vacas.
Escuché a varias
personas decir que les sacaban la sangre, las picaban
Cuando empecé a
experimentar su ataque, no estaba seguro si soñaba
Si estaba despierto,
o dormido…
Lo cierto es que
sudaba, amanecía ojeroso
Empecé a dormir mal, a dar vueltas en la cama.
Cada vez me convencía
más que eran ellos.
En la tierra caliente
se duerme con las puertas abiertas
Si las cierras te
mueres de calor; no hay alternativa.
¡No estaba dispuesto
a seguir así!
Les tendería una
trampa, y yo sería su carnada.
Después de todo, ¡su
comida era mi sangre!
Los esperé despierto,
sentí que volaban cerca, y hasta silbaron en mi oído, fue muy chocante!
Uno de ellos me tocó,
sentí miedo, ¿serían acaso cornudos?
y entonces ataqué,
con mi toalla
Tirando en la
oscuridad para todos lados;
Cuando encendí la
luz, no estaban. ¡Fue frustrante!
La siguiente noche
dormí cerca del interruptor, y cerraría la puerta.
¡Era ahora o nunca!
Cuando sentí el zumbido del primero, me alerté.
Sólo me protegía la
sábana con la cual me cobijé.
Esperé paciente,
¡esta vez no saldrían con la suya!
Cuatro o cinco
minutos fueron como una eternidad.
De un salto, con la
toalla en la mano, cerré la puerta y encendí la luz.
Me sentí como si
fuera un comando.
En la pared blanca
encontré a tres de ellos; uno, dejó una rayita negra, de su cuerpo aplastado
El otro, dejó una
rayita roja, era mi sangre.
Y arriba, en el techo
estaba el otro. Lo perseguí, lanzaba
toallazos por todos lados
¡Hasta que lo cacé!
No eran como los
imaginaba.
Eran realmente mucho
pero mucho más pequeños de lo que pensé
Igual, chupaban
sangre como los vampiros; pero no, no eran los vampiros.
¡Solo eran sus
primos, los zancudos!
SALVATORE100
Cali, Febrero 9 de
2016