viernes, 19 de febrero de 2016

¡Qué triste es el panorama, donde no hay Esperanza!

¡Qué triste es el panorama, donde no hay Esperanza!


Inconsolable, encogida de dolor llora la madre,
La nuera a su lado, no para de repetir las promesas de amor que siempre le hizo.
Su hijita, apegada fuertemente a su cuerpo, no deja de sollozar.
Lágrimas y más lágrimas ruedan por el rostro entristecido de los dolientes.
El barco había soportado las peores tormentas y los embates del mar embravecido
La experiencia de los marineros ni la destreza de su capitán,
pudieron superar las poderosas olas que una y otra vez, lo golpearon hasta hundirlo.
Pocos lograron nadar hasta la superficie,
solamente para encontrar lo peor de la tormenta, de frente.
Pasaron los días y la búsqueda finalmente terminó, sin resultados.
“No hay una lápida –se quejan- ni una tumba para recordarlos”
Su recuerdo está en su propio corazón y en lo profundo del mar
Las vacías palabras de consuelo de su religión, dicen que ellos están en el cielo(?)
No saben si mirar arriba al firmamento, o si dejar perder su mirada a lo lejos, en el océano.
¡Qué triste es el panorama, donde no hay esperanza!



Que distinto sería si supieran la verdad que está escrita en El Libro Inspirado,
Aquél que ha sobrevivido a la rabiosa persecución de las iglesias,
Tan sólo por traducirlo fueron colgados, decapitados o simplemente quemados vivos en la hoguera…
Desde el principio y hasta sus últimos versos, sostiene de forma contundente, la Resurrección.
Y que no importa de qué forma murieron, ni dónde hayan sido sus huesos esparcidos:
“El mar entregó los muertos que había en él,
y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos” (*)
Justo después claro está, de que Miguel, el Arcángel, arrojara al dios de la muerte, al abismo.
Y entonces, ya no habrá enfermedades, ni vejez ni muerte.
SALVATORE100
Cali, Febrero 9 de 2016
(*) Capítulos 20 y 21 de Revelación o Apocalipsis, y Mateo 5:5


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