¡Qué triste es el panorama, donde no hay Esperanza!
Inconsolable,
encogida de dolor llora la madre,
La nuera a su lado,
no para de repetir las promesas de amor que siempre le hizo.
Su hijita, apegada
fuertemente a su cuerpo, no deja de sollozar.
Lágrimas y más
lágrimas ruedan por el rostro entristecido de los dolientes.
El barco había
soportado las peores tormentas y los embates del mar embravecido
La experiencia de los
marineros ni la destreza de su capitán,
pudieron superar las
poderosas olas que una y otra vez, lo golpearon hasta hundirlo.
Pocos lograron nadar
hasta la superficie,
solamente para
encontrar lo peor de la tormenta, de frente.
Pasaron los días y la
búsqueda finalmente terminó, sin resultados.
“No hay una lápida
–se quejan- ni una tumba para recordarlos”
Su recuerdo está en
su propio corazón y en lo profundo del mar
Las vacías palabras
de consuelo de su religión, dicen que ellos están en el cielo(?)
No saben si mirar
arriba al firmamento, o si dejar perder su mirada a lo lejos, en el océano.
¡Qué triste es el
panorama, donde no hay esperanza!
Que distinto sería si
supieran la verdad que está escrita en El Libro Inspirado,
Aquél que ha
sobrevivido a la rabiosa persecución de las iglesias,
Tan sólo por
traducirlo fueron colgados, decapitados o simplemente quemados vivos en la
hoguera…
Desde el principio y
hasta sus últimos versos, sostiene de forma contundente, la Resurrección.
Y que no importa de
qué forma murieron, ni dónde hayan sido sus huesos esparcidos:
“El mar entregó los
muertos que había en él,
y la muerte y el
Hades entregaron los muertos que había en ellos” (*)
Justo después claro
está, de que Miguel, el Arcángel, arrojara al dios de la muerte, al abismo.
Y entonces, ya no
habrá enfermedades, ni vejez ni muerte.
SALVATORE100
Cali, Febrero 9 de
2016
(*) Capítulos 20
y 21 de Revelación o Apocalipsis, y Mateo 5:5
Para mis amigos que han perdido a un ser querido
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