viernes, 19 de febrero de 2016

Vampiros en nuestras casas, quién lo creyera!

Vampiros en nuestras casas, quién lo creyera!


Desde niño escuché hablar de los vampiros
Y siempre imaginé a seres voladores, que atacaban en las noches
Que eran grandes, que lo mataban a uno, que chupaban la sangre de las vacas.
Escuché a varias personas decir que les sacaban la sangre, las picaban

Cuando empecé a experimentar su ataque, no estaba seguro si soñaba
Si estaba despierto, o dormido…
Lo cierto es que sudaba, amanecía ojeroso
Empecé a  dormir mal, a dar vueltas en la cama.

Cada vez me convencía más que eran ellos.
En la tierra caliente se duerme con las puertas abiertas
Si las cierras te mueres de calor; no hay alternativa.

¡No estaba dispuesto a seguir así!
Les tendería una trampa, y yo sería su carnada.
Después de todo, ¡su comida era mi sangre!
Los esperé despierto, sentí que volaban cerca, y hasta silbaron en mi oído, fue muy chocante!
Uno de ellos me tocó, sentí miedo, ¿serían acaso cornudos?
y entonces ataqué, con mi toalla
Tirando en la oscuridad para todos lados;
Cuando encendí la luz, no estaban.   ¡Fue frustrante!
La siguiente noche dormí cerca del interruptor, y cerraría la puerta.
¡Era ahora o nunca!
Cuando sentí  el zumbido del primero, me alerté.
Sólo me protegía la sábana con la cual me cobijé.
Esperé paciente, ¡esta vez no saldrían con la suya!
Cuatro o cinco minutos fueron como una eternidad.
De un salto, con la toalla en la mano, cerré la puerta y encendí la luz.
Me sentí como si fuera un comando.

En la pared blanca encontré a tres de ellos; uno, dejó una rayita negra, de su cuerpo aplastado
El otro, dejó una rayita roja, era mi sangre.
Y arriba, en el techo estaba el otro.  Lo perseguí, lanzaba toallazos por todos lados
¡Hasta que lo cacé!
No eran como los imaginaba.
Eran realmente mucho pero mucho más pequeños de lo que pensé
Igual, chupaban sangre como los vampiros; pero no, no eran los vampiros.
¡Solo eran sus primos, los zancudos!

SALVATORE100

Cali, Febrero 9 de 2016

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